domingo, 1 de junio de 2014

MEMORIAS DE UN PARADO CDXIV - Rescate -

Ayer hizo un día con nubes y tormentas, que de repente dejaban caer una lluvia que empapaba. Hoy domingo hace un día claro y despejado, con calor, aunque solamente hemos salido esta mañana un ratito a caminar.

Cuando regresaba ayer de Calafell, Blanquita, como cada día me vino a buscar. Al pasar por el Puerto estaba esa demostración de vehículos de rescate y lógicamente, decidió que sus nietos no se podían perder eso, así que los llamamos para que pudieran disfrutar de algo único, que, seguramente, en toda su infancia no podrán volver a disfrutar.

Total, que a primera hora de la tarde ya nos estábamos encaminando hacia allí, sin que ni la lluvia mas fuerte nos pudiera detener.

Lo primero que hicimos fue hablar con un soldado, que estaba al mando de un vehículo militar de la UME, el cual con mucha amabilidad subió a los niños y les dió un paseo, como si se tratara de una vuelta a la manzana, pero hacia la playa. Ponía las luces y las sirenas y mis nietos disfrutaban como locos.

A eso le siguió un vehículo amarillo, que no recuerdo de que era, pero que Gerard pudo hablar por el micro y poner el mismo las sirenas en marcha.

Siguió el recorrido por los coches de los Mossos d'esquadra, la Policía Municipal un helicóptero al que se subieron, pero solo para verlo, porque no despegaba. El piloto les hacía una demostración del cable con el que se rescatan a las personas, pero, normal, que ningún niño quería porque le daba miedo.

También había dos barcos. Uno naranja de salvamento marítimo y la patrullera grande de la Guardia Civil. Cuando salieron para hacer unas maniobras, los niños estaban embelesados al ver como movían los motores con tal de girar en el mínimo espacio posible, moviendo el agua del Puerto.

Una vez en Tarragona, Paco y yo vimos como entraba un crucero de grandes dimensiones en el Puerto de Tarragona y entendimos porqué tenían que hacerlo con el barco del Práctico. Mover las enormes hélices dentro podría significar enviar unas cuantas embarcaciones pequeñas al fondo del agua.

Después vino lo bonito, que fue una maniobra de rescate. Tiraron una baliza con bengala naranja para fijar la posición y el movimiento del viento y bajaron a personas y a camillas, entre el helicóptero y la patrullera de la Guardia Civil. Finalmente pasó el helicóptero en vuelo rasante con la portezuela abierta y saludando a todos, principalmente, claro, a los niños que allí había.

La atracción, además era uno de esos castillos inflables y diferentes tenderetes. Había que comprar una pulsera que costana 3€ por niño y eso les daba derecho a subir y a que en el stand de McDonnalds les dieran un donuts, zumo de naranja y un globo. Como ya era tarde y la señorita que había en el stand veía que se trataba de niños pequeños, no se negaba a darles nada, puesto que siempre hay padres que no se pueden permitir los 3€. Yo los pagué porque prefiero una semana de comer pan con aceite o pan solo, antes que negarles nada a mis nietos.

Cuando pregunté por aquello de la pulsera a una voluntaria, me dijo donde había que comprarla, que a pesar de que cerraban a las 19h. no hacían ningún descuento (eran las 6,30 de la tarde, pero finalmente dijeron que estarían hasta las 21h.) y que no la inflarían mas porque estaba lloviendo.

Después del simulacro, como quedó buena tarde la habían inflado, compré las pulseras y los niños, fueron a por su zumo, sus donuts, su globo y a jugar en todo lo que quisieron.

Como yo tengo el complejo de "mamá gallina" que ya tenía con mis hijos, no dejo ni un segundo a mis nietos fuera de mi vista. Había varias dependencias de colchonetas, donde disfrutaron mucho, pero otra mas grande era el castillo y veo que Gerard llora porque niños mayores se agolpaban para subir y tirarse por el tobogán y a los pequeños, literalmente los chafaban sin que los voluntarios hicieran nada.

Me puse como un loco y empecé a gritar, cuando uno de los voluntarios me dice que no grite y que si quiero gritar lo haga a alguien que iba a traer él, que los que había allí eran voluntarios y no cobraban nada. Pensé que iba a traer a un policía, pero me daba igual.

De repente, me aparece un muchacho de color, como un armario de grande, en plan portero de discoteca, pero ignoraba que yo soy un desempleado deshauciado del sistema y que como lo hemos perdido todo, también nos da igual.

Le dije que pusieran orden allí (como un poseso, eso sí) y que mucho pinganillo, mucha radio y mucha mierda, pero eran incapaces de garantizar la seguridad de los niños.

El hombre se amedrentó y lo único que se atrevió a decirme era que había muchos niños y que si yo veía que no tenían la seguridad garantizada no los metiera.

Como los niños ya habían jugado en los otros parques, ya estaban cansados y era la hora de marchar, pues pensé que de mí no se reían y entonces le digo al "armario": "Pues si no sois capaces de mantener el orden y de cuidar de unos niños, yo he pagado para que disfruten y si no lo pueden hacer me devolveis el dinero, que he pagado 6€".

Eso fue un golpe bajo que lo desarmó y muy amablemente (se le bajaron los humos de golpe) me dijo que hablara con la organización. Allí me fuí y claro, devolver el dinero, en Catalunya, no entra en los planes de nadie, por lo que tuvieron que llamar al jefe, que todo hay que decirlo, entendió al momento la situación y todo arreglado, me devolvieron el dinero y cuando marché lo vi con el "armario" y otros echándoles la bronca por lo sucedido.

No se enteró nadie, ni Blanquita, ni por supuesto los niños, pero ojito, que a mis nietos los protejo, con mi vida si hace falta y no hay "armario" que valga.

No hay comentarios: