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lunes, 11 de noviembre de 2013

MEMORIAS DE UN PARADO CCCII - Niebla -

Esta mañana me he levantado a las 6 de la mañana porque no podía dormir. Tampoco es que hubiera mucho que ver, porque una niebla espesa impedía ver el paisaje que se ve desde mi ventana.

La temperatura era de 17º dentro de casa, por lo que se está muy bien.

Ayer fue un día tristón, como Domingo que era y pasó sin pena ni gloria.
Con eso de que no puedo salir a ninguna parte porque no tengo un duro, pues se pasó el día entre el huerto, la tele y el resumen de los partidos de fútbol. Pan y circo, como ya inventaron los romanos, para que se pueda pasar el tiempo de la mejor manera posible.

Por la noche estuve viendo "salvados", programa que superó mis expectativas y que me hizo renunciar incluso al Barça, que ya es mucho renunciar.

Salía un francés llamado Eduardo Martín, que me levantó la moral por su lucha obrera frente a una gran siderometalúrgica multinacional que hace con los gobiernos lo que quiere.

De los 2600 que empezaron la lucha, apenas la acabaron 50, sin estar exentos de miedo, lloros, angustia e incertidumbre de si podrían ganar esa batalla tan ardua en la que estaban metidos. Lo consiguieron. O por lo menos arrancaron una serie de compromisos a la empresa para seguir unos cuantos años adelante.

Me llamó la atención una frase que dijo: "si luchas no sabes si ganaras la guerra, pero si no luchas seguro que la vas a perder".

Mientras tanto los sindicatos españoles, abrumados por todo lo que se les cae encima y apenas pueden balbucear un "es que esto es lo que hay".

El problema de los sindicatos españoles, aparte de todos los berenjenales en los que están metidos, sobre todo los de corrupción, es que siempre defendieron únicamente al obrero de las grandes fábricas, que era donde tenían su fuerza, olvidándose del pequeño trabajador de la empresa familiar o del que tenía que ser autónomo, si quería trabajar, porque el empresario no le contrataba.

Ahora se encuentran con que para mantener los puestos de trabajo el obrero de la fábrica no le hace caso y no le sigue, mientras que el pequeño trabajador apenas existe porque la pequeña empresa ha cerrado toda.

Se sienten incapaces, porque les falta experiencia de denunciar al dependiente que tiene que hacer 10 horas por 400 euros y sin contrato, al que limpia un bar o al que da clases particulares. Ni siquiera, desde la comodidad de su despacho en el edificio sindical, o en su puesto de funcionario o casi funcionario, saben que exo existe.

Los únicos que lo saben son los de la asesoría jurídica del propio sindicato, que esos si que huelen el negocio de la conflictividad laboral y funcionan como si de una asesoría se tratara.

Asi les va también a los trabajadores de CC.OO. y UGT. Primero empezaron con la pérdida de derechos como cualquier hijo de vecino. Después empezaron a perder sus empleos y ahora no saben por donde salir, puesto que las subvenciones y el momio, con un partido de derechas en el Gobierno se les estan acabando y los cursos de formación también.